LA ERA FINAL
La guerra contra su propia extinción.
Isaac Asimov
es que la naturaleza no nos necesita.
Cree el hombre
que siempre se sale con la suya.
Es el centro del universo
y todo gira a su alrededor.
Rezuma impunidad en sus actos
y para tranquilidad
idea dioses que le aseguran la eternidad
y el perdón de todos sus pecados.
Vive la humanidad ahogada en la ceguera.
Mantiene limpio lo propio
y convierte lo común en vertedero:
el mar, los ríos, el cielo, los bosques y el subsuelo
no son míos ni de nadie
y no me interesa lo que de ellos sea.
Propiedad, tribu, patria, continente
ocultan el rostro de la única realidad:
que solamente existe un hogar: la Tierra.
Yerra el ser humano y sostiene su error.
Sentado al filo del abismo, de su suicidio,
se dispone a calcular los beneficios del desastre;
o mira hacia otro lado, a la frivolidad de un televisor;
o, más que al beso, la caricia, el amor, el baile,
se dedica, como siempre, a adorar a Marte
y sus desgracias.
Pues en los sueños de Hollywood
siempre se proyectan finales felices.
No acontecerá nada al cabo:
la ciencia posee la respuesta.
Retornarán los hielos a su anterior estado,
purificarán el aire,
depurarán los ríos y los mares,
recuperarán la población de abejas,
de linces, atunes, anfibios y reptiles,
repoblarán las selvas y arboledas,
erradicarán todas las enfermedades,
rescindirán la guerra y las armas nucleares
y haremos turismo hasta en la luna.
Sin compromiso, sin sacrificios.
No hay prisa.
No es trascendente
que caduquen los plazos.
¿Cómo plantearse
el planeta sin nosotros?
EL FARO DEL DOLOR
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